31 dic. 2005


Feliz 2006 a todo el mundo, aunque no sea muy original.



21 dic. 2005

Un relfexión sobre autores de contenidos en televisión de mi propia cosecha Crianza 2004-2005, calificada por un 10 impoluto.

Sigo invitando a visitar Lepe On Line


Con los ojos cerrados

Ocurre en la televisión situaciones de ?semianonimato?, por cuanto los textos no pueden calificarse de anónimos, ya que sus autores suelen estar identificados bien al principio, bien al final del programa en cuestión. Lo que suele pasar es que ese dato es irrelevante, insulso a veces, porque no es el factor determinante que ayuda a la elección de determinado programa. Es más bien su formato, o su presentador el que lleva al receptor a identificarse con él.

Por tanto, en el contexto de una relación comunicativa entre el medio y el público, este tipo de programas quedan como anónimos, a pesar de que los ?creativos? están identificados. En este caso, en la mayoría de los casos, como en la información, es el medio quien se apropia del mensaje a ojos del receptor. El medio (de comunicación) es el valor añadido.

Ni siquiera se produce el reconocimiento de un director en un producto que tiene una finalidad (doble) estética: las series de televisión. Muchas de éstas han servido de cantera para el cine posteriormente. Un ejemplo evidente de lo que comentamos es la serie juvenil Al salir de clase, que tuvo como director al ahora cineasta Antonio Quadri, que ha realizado películas como Eres mi héroe. Hasta ese momento, Quadri era un desconocido para el gran público (lo sigue siendo, pero menos).

18 dic. 2005

Visiten Lepe On Line y así apoyamos y hablamos todos. Por lo demás, ahí van las palabras de hoy.

2.- Miscelánea. Años pretéritos... así éramos hace una década, un lustro, quién sabe.

Un maravilloso amanecer me oculta su secreto: que surge de la oscuridad tras una noche de amor con la luna, que iba vestida únicamente con un manto de lentejuelas que una mano invisible colocó para formar el universo paralelo de figuras que mis ojos dibujan en el aire. Tras esto, nada: vivir y morir.

La sauna indiscreta del amor pasajero del tren hacia Siberia y Asturias, paisajes verdes, blancos y azules donde no quedan restos de la maldad de todo humano, parecidos a bacterias descontroladas y en sintonía con un Universo paralelo que se esconde tras las cortinas de una fiesta acabada, donde los despojos ebrios de la soledad están desparramados por el suelo de aquel castillo medieval castellano o danés. Cuándo y por qué.

EL SÉPTIMO DÍA

Los yermos campos que rodean el camino de vuelta a mi casa me hacían pensar (ya estoy otra vez) en una existencia (y van...) casi inocua, discreta, mediana y estéril, como los propios campos. No saber a dónde me dirigía con mi mente en blanco me ayudaba a ver las cosas un poco más claras, y a la vez, un poco más confusas también. Cuando me daba cuenta de hasta dónde había llegado, observaba con oscura frustración que ese era mi verdadero destino: Ninguna Parte (¡pues vaya novedad!). Pero una vez fue diferente: escribí negros pensamientos sobre mi mente blanqueada, la fui llenando de ideas, de conceptos, de semillas con las que abonar los campos y conseguir que fertilizaran en una explosión de colores y frutos para comer mientras volvía a casa. Y Ninguna Parte fue entonces obra mía. Mi obra suprema con la que dejé el camino para retirarme a descansar el séptimo día de serpientes y manzanas (sí, es lo que estás pensando). Mi obra bendita por mí, inalcanzable para los demás, para los que no la supieron ver ni apreciar, pues para ellos los frutos eran amargos e intangibles (¿cómo es posible?). Era absoluta y maravillosa mi obra sólo mía y para mí. ¡Si la hubieran podido ver ellos...! Qué cosas, qué colores, qué estampida sensorial, deleite sensual y precaminoso. Ya nada me afectaba. Nada me molestaba y eso que no había cercado mi campo, mi jardín divino, tierra de ensueño de la realidad ficticia verdadera. Y ya que ese era mi destino, allí me quedé: si querían visitarme, las puertas estaban abiertas, es más, no había puertas, pero sí puestas, de sol, eso sí: fastuosas y sólo para mí. Aun así, ¡qué pena que no pudieran verlo! Me sentía tan solo y abandonado... Decidí renunciar a las divinas visiones e hice quemar aquel campo; para ello, me ayudaron las ardillas suicidas. Nadie vio el incendio. Nadie me vio a mí. Los árboles calcinados, los polvorientos restos de mis frutos (míos solo) se fueron con el viento susurrante que ya nunca me volvió a hablar, pues mi campo fue otrora su refugio, tras largas jornadas de brega con la Tierra. Nadie me vio ni me escuchó: nadie. Estaba tan solo como antes pero sin mis campos... y apareciste tú y me llevaste de nuevo a casa de la mano por los mismos caminos perdidos y yermos. Y mi existencia sigue siendo inocua, discreta y mediana, aunque ya no estéril. Sembré los campos un día como ahora siembro tu vientre. Y un día recogeremos el fruto de nuestra ardorosa semilla, pero nunca renunciaremos a él. Esta vez, no. Porque somos dos (y la manzana todavía verde).



Y poco más...

Otro día nos veremos, lector invisible.

17 dic. 2005


Obertura

Hora es, por fin, de que devuelva un pequeño trozo de lo que me donó hace un tiempo. El resto es imposible, deglutido como está por mis entrañas, que lo ha digerido y convertido en un mundo, en pleno primer mundo y con la apariencia de un tercero, y un racimo de gente compartiendo vidas, vivencias, víveres y visiones de un tiempo que, de absurdo, cualquiera diría, incluso yo, por decreto de mi mente, fue mejor.
En verdad es tiempo de hablar desde La Pendola. Una vez la miré a través de un trozo de asfalto, desde la puerta abierta de mi imaginación de antiguo adolescente, antiguo niño, antiguo ya demasiadas cosas, iniciáticas, reflejadas ahora por los espejos cóncavos de la calle imaginaria, que comparte un público invisible, quizá tú, improbable lector, que asistes a viajes por profundidades abismales a ras de tierra.
Desde La Pendola, la mía, desde más allá que ahora habito, van estas palabras de homenaje a mi barrio.

Plegaria del caminante descalzo, dirigida de esta forma a quien quiera entender (pues que entienda)

Pensar de manera diferente a como piensan los que creen que piensan de manera diferente es quizá lo más parecido a caminar con la mente descalza a lo largo de una carretera recién asfaltada al sol de un mediodía de julio: sencillamente te quemas más pronto que tarde. Mientras los que creen que piensan de manera diferente caminan por esa carretera con unas cómodas chanclas de una suela muy gruesa, tú te estás quemando sin más, descalzo, mientras soportas tener que recibir lecciones sobre la oportunidad de caminar protegidos por 4 ó 5 centímetros de suela.

Bajo el amparo de dar por hecho que no dan por hecho lo que dan por hecho, estos caminantes de una inexistente jungla de asfalto juegan durante breve tiempo a caminantes de cunetas y desvíos provisionales, de veredas floridas y de caminos rurales, al tiempo que parece que creen olvidarse de que existe una carretera de asfalto que apenas está empezada y de que hay que continuar un trabajo que otros hicieron de muchas maneras distintas, con o sin zapatos.

Juegan, calzados, sin más, a jugar a que juegan, creyendo que nos saben hacer llegar su juego. No, no nos lo hacen llegar; no, no queremos jugar con el camino todavía por hacer. No, jugadores-caminantes, calzados, descalzos, sangre nueva, cristiano viejo; no, artistas del hambre, opulentos de gloria, zapateros remendones, pintores de la negación de una negación, que algún día negaron otros y que ahora son santos canonizados por una oficial corriente alternativa de caminos asfaltados, no. No. Os equivocáis, pienso, creo, dudo, no dogma ni de fe ni de acto u omisión. No me toméis en serio, no me escuchéis, no me sigáis. No, os equivocáis sin seguirme, sin verme, no. Sin tocarme o conocerme cómo me decís que estoy equivocado, cómo, (introduzca una línea, métase en sus asuntos), cómo os digo que os equivocáis cuando es lógico que os equivocáis porque la refutación de lo irrefutable existe en la construcción de un chalet, o dos, o una urbanización a la vera de el camino, carretera negada de asfalto, del camping para la alternativa a la negación (trasmigración de pareceres) de la negación primera, esfuerzo de tantos y tan pocos, charlatanes, no, charlatanes de feria, de pipa y olvido, de elucubraciones negativas de apenas unos conceptos que permanecen, caso de alcoholismo y drogadicción, perdido en unos bosque que, necesariamente, hay que talar, porque el camino no es el camino de la negación de mis pareceres metempsicoseados de mí mismo, o de los tuyos, caminante de mentiras y suelas gordas.

Para qué seguir caminos equivocados de negación de la negación, me pregunto, me preguntan, caminante, me preguntas, te pregunto, nos preguntamos de forma solemne incurriendo en pecado de redundancia, sorteando de manera equivocada la imperfección de lo preciso, de lo fatal de un camino, de lo caminado fatalmente, talmente como si fuera una cosa fatal fatal y caminada.

No. No neguemos todos, caminantes y no caminante, jugadores y no jugadores, que no somos todos, la negación de un instante de congelación del calor que siento cuando piso descalzo el camino de mitad de estío canicular caluroso de mediodía, no.

Por fortuna, desgracia, muerte, destrucción o fobia irredenta, lo descalzo de mis pies trasmigrados a mi mente-pensamiento-obra-palabra-omisiones-olvidos-penas-alegrías-bromas-enfados están protegidos de la negación del bien o del mal de las más absoluta y relativizante forma porque dijo un no poeta que no era de sueños ni de vigilias, que la vida pasa felizmente si hay amor. Copyrigth que ya buscaré, no te impacientes, hortera de la corbata de la barriga quizá antiguo no caminante o jugador empedernido de juegos de la negación. Y yo, amigo caminante que me desprecias desde la atalaya de tus gruesas suelas, no tengo nada más que decirte. Buena suerte, que quizás exista, y a caminar jugando o a jugar caminando o a negar negando.

Como dice la canción, así, refrita del título de un Mago que es del Oz gallego, y como dice el título de esta plegaria, que el que quiera entender, que entienda; el que no, que acuda a sus particulares dioses y gurús expertos en negaciones al cuadrado o al cubo de una fregona deshilachada, verdemohosa y limpiadora de aguas estancadas en circuito cerrado de mentes circulares de amplitud de miras pretendidamente enorme pero miopes al cabo de los tiempos inmemoriales, que pasan, vaya si pasan por la memoria que ya no queda, convertida en producto de limpieza de circuitos cerrados de aguas estancadas de mentes circulares de amplitud de miras pretendidamente enormes pero miopes al cabo de los tiempos inmemoriales, que pasan, pasan, pasan, pasan vayan si pasan, negación tras negación.

Oh, cantando la cólera de Aquiles o de aquél otro Joseph K. de mente de don José en un país sin nombres donde están todos los nombres, incluidos los Estébanes de reciente influjo notorio negado, oh, oh, oh.

Cantando, sí, cantando, al camino esta plegaria de ti caminante. Ebullición bajo cero trescientos, símbolo etérnico no nueve neutralizado.