23 sept. 2006

No cumplo años, cumplo carnavales


Recientemente he cumplido un año más de vida, una nadería. Y yo, que soy como el Noli, y como aquellas Viudas de los bisabuelos del 55, no cumplo años, cumplo carnavales. Por estas latitudes somos muchos los que echamos de menos un carnaval en condiciones y por ello estamos luchando. Son 3 las agrupaciones ensayan a estas alturas del año, preparando el febrerillo loco y añorado. Vuelve ya el tres por cuatro...

Durante mucho tiempo hemos mirado con envidia y admiración al Carnaval por excelencia, el de Cádiz. Un paseo por La Tacita la mañana del carrusel de coros es algo que no se vive en ningún otro lugar del mundo, a pesar de la "bulla" convenientemente regada por el moscatel gaditano.

Pero lo que nos tiene fascinados desde pequeños (a mí exactamente desde adolescente, porque de niño odiaba el carnaval) es el concurso de agrupaciones carnavaleras del Falla. El día de la final de este certamen de coplas es perfecto para saber distinguir al buen aficionado del advenedizo carnavalero. Hay varios rasgos para saber diferenciarlos:

El que no se calla ni a la de tres durante la retransmisión; suele ser el/la típico/a "mogollón man/woman", que aprovecha la ocasión para ingerir -una vez más- alcohol en dosis considerables.

El que se va a casa a las 2 ó 3 de la mañana -el concurso suele extenderse hasta las 7 de la madrugada o de la mañana, elijan ustedes la referencia-. Suele mezclarse este rasgo con el anterior. Este personaje se pone eufórico enseguida, pero lo acaba venciendo el etanol.

El ?entendío? que siempre raja porque las agrupaciones de ese año -el año en curso, vamos- son una mierda comparada con las del año catapún y prefiere escuchar las susodichas agrupaciones -generalmente desconocidas- en la radio de la casa, antes que la propia final en curso.

Y el que mezcla un poco los tres rasgos anteriores.

La gente de mi generación, nacidos entre el 77 y el 81, más o menos, nos iniciamos en las coplas carnavaleras del Falla bajo el incipiente "imperio" de Martínez Ares, con "Los miserables" dando la tabarra a todas horas, sobre todo, el polémico pasodoble contra el Papa, que aún hoy seguimos cantando cuando los rones y güisquis hacen estragos en nuestras mentes y vocalizaciones. Eran y son legión los seguidores de Martínez Ares, quien mantenía una lucha encarnizada con Antonio Martín, su némesis. Era y es digno de presenciar un combate dialéctico entre estos dos bandos carnavaleros.

Posteriormente, emergió de la nada Juan Carlos Aragón, que traía savia nueva al carnaval en las modalidades de comparsa y chirigota. Muchos de los seguidores de Martínez Ares, cuando éste se retiro del mundillo para probar fortuna como cantautor, se pasaron al bando "juancarlista" y ahí siguen.

Pero personalmente, yo soy más chirigotero que otra cosa. No lo puedo remediar. Tengo autores favoritos de hoy y de siempre, pero básicamente, para mí son referencia y maestros el Yuyu, con sus inolvidables "Bordes del Área"; el Selu, con "El que vale, vale" y últimamente, los hermanos Carapapa, cuyos popurrits de los últimos años me parecen verdaderamente antológicos, basados en hecho históricos reales que cualquier aficionado a la historia no se debería perder, porque encontrará una nueva visión sobre lo sucedido en el pasado: "Los pavos reales" y su repaso a los monarcas españoles desde los Reyes Católicos o "Napoleón" son una auténtica delicia humorística, y también lo es para el oído, porque, además es una de las chirigotas mejor afinadas del carnaval.

En fin, que si alguien no es carnavalero, hubiera sido mejor no llegar hasta aquí... Nos vemos en las calles por febrero.

Gilgamesh older

13 sept. 2006

11-S y otras historias (y II)




Es hora de presentar a Eladio Reyes Arias, el artista invidente cubano que compuso el poema del post anterior el 11 de septiembre de 2001. El siguiente corto fue grabado en La Habana y su autor es el propio Eladio Reyes. Ahí está el poema, ahí está el llanto de otros pueblos en boca de su propio autor. Gracias a Carlos P. Santamaría y a Nuria Orta por su permiso para publicar este post.


Si no podéis verlo por lo que sea, os lo dejo en Youtube: El llanto de otros pueblos.

11 sept. 2006

11-S y otras historias



Acaba de emitir Cuatro un gran documental sobre el 11-S, titulado así, 11-S, producido por la BBC y que me ha resultado estética y técnicamente maravilloso. Ahora que parece que ha acabado este aluvión de historias y remembranzas de aquello, tanto y tan poco tiempo después, me sigo quedando con la misma sensación que tuve entonces. Creo que Eladio Reyes Arias, del que volveré a hablar, dice exactamente lo que yo pensaba y pienso.

Si de cada conflicto en el que está implicado EE.UU. se hicieran documentales de este estilo, quizá el mundo podría ser otro. Está claro que en este mundo de medios de masas, nada es inocente y todo tiene una intención. Ahora que han pasado 5 años, es hora de reflexionar.

El llanto de otros pueblos


Nueva York.

De nada me alegro, pero hace falta llorar

Para comprender el llanto de otros pueblos.

Y recuerdo la explosión del barco La Coubre

Donde murió mi abuelo Ramón y mi padre.

Qué dolor, qué temor en Nueva York.

De nada me alegro, pero hace falta llorar

Para comprender el llanto de otros pueblos.

Vietnam. Napalm. Un niño corre incendiado

Y no se le ve el fuego...

Y cincuenta años luego otros pescan

En el imaginado lago de un volcán,

Porque ignoran las miles de bombas

Caídas en Vietnam.

Qué dolor, qué temor en Nueva York.

De nada me alegro, pero hace falta llorar

Para comprender el llanto de otros pueblos.

Dengue. Mi pueblo no comprende

Pero se llena de gnomos

Cuando un niño sonríe,

Vomita sangre y cierra los ojos.

Qué dolor, qué temor en Nueva York.

De nada me alegro, pero hace falta llorar

Para comprender el llanto de otros pueblos.

11 de septiembre. Chile. Presidente Allende.

Palacio de la Moneda. Sólo muerte y masacre

Bajo los escombros quedan.

Ha muerto el presidente.

Qué dolor, qué temor en Nueva York.

De nada me alegro, pero hace falta llorar

Para comprender el llanto de otros pueblos.

Estados Unidos de Norteamérica.

Un grupo de jóvenes adolescentes,

Alegres y sonrientes, prenden el televisor.

Quieren ver la Guerra del Golfo.

En vivo.

Y no es mentira lo que digo.

Qué dolor, qué temor en Nueva York.

De nada me alegro, pero hace falta llorar

Para comprender el llanto de otros pueblos.

Orlando Bosch: vivo. Posada Carriles: vivo:

"Sí, lo hice. Puse la bomba. ¿Y qué?", así declaró.

Y mi pueblo enérgico y brillo.

Qué dolor, qué temor en Nueva York.

De nada, créanme que de nada me alegro,

Pero hace, hace falta llorar

Para comprender el llanto de otros pueblos.


Eladio Reyes Arias. Artista invidente cubano: poeta, pintor, fotógrafo, escultor, dramaturgo. Escribió esta poesía en 11 de septiembre de 2001.

Gilgamesh Confused

8 sept. 2006

Vietnam - La Pendola


Buscando fotos de mi barrio, La Pendola, por si a estas alturas alguien desconoce dónde habitan mis sueños, lo que es muy probable, salvo por honrosas, para mí, excepciones, en este Internet nuestro de casi todos los días, rastreando material con el que ilustrar mis letras pobres me encuentro con algo ciertamente curioso.

Ya lo había visto alguna vez, el buscador de imágenes de Google suele ofrecer casi siempre los mismos resultados, y seguía estando allí. Era el retrato que se observa arriba: un tal Tony Pendola... Nunca le hice demasiado caso, hasta que cierto día la curiosidad fue más fuerte que la rutina de pasar por alto a esa persona cuyo apellido es o era el mismo nombre de mi barrio.

La historia de Tony Pendola es una más de esas que se escribe con renglones torcidos. Pendola fue reclutado o se alistó para participar en la archiconocida guerra de Vietnam, donde murió. Tras aquella desgracia anónima para el resto del mundo, su familia decidió que quería dignificar la memoria de aquel hombre que se parece un poco al espíritu con el que nació este blog, bitácora o como se le quiera llamar.

En sus escritos se trasluce un alma preocupada por algo más que el simple hecho de defender a una supuesta patria que, en honor a la verdad, le correspondió con reconocimientos y honores militares. Sólo hay que echar un vistazo a las insignias logradas por Pendola para darse cuenta, si bien es verdad es que siempre es preferible ahorrarse guerras, auténticas fábricas de insignias a título póstumo.

Tony Pendola no era un Rambo cualquiera. Tony Pendola era como tú y como yo. Tony Pendola comparte su alma con la de mi barrio. Decía Pendola: "Cuando alguien comparte un cuento, un porcentaje de dolor vuelve para dañar mi pecho de memorias prestadas, y las lágrimas caen". Es como nosotros, que queremos compartir cuentos y recuerdos con todos, entre todos. Nos contamos cuentos unos a otros, y un trocito de dolor asoma por nuestro pecho si al escucharlos o leerlos si nos recuerda tal pasaje de nuestra siempre feliz infancia.

Tony Pendola, un poeta irredento de las letras intuidas pero no instruidas, quizá quiso gritar contra aquella guerra que le apartaba de su familia, de su gente y, finalmente, de su vida. Un grito de rebeldía, de océanos de rebeldía que todos compartimos, desesperanzados: "Cada vez que yo tratara de hablar... pero nadie quisiera escuchar. Empecé a pensar ¿Nadie se preocupa? Vino entonces la fuerza del alma, los pasos de un ángel...", pero a Pendola se le cortó la comunicación con la trascendencia de saber que nadie o muy pocos se preocupan por algo: "El señor ministro dijo 'Usted' ".

Y fue él, uno de tantos, pero muy especial. Le tocó guerrear, morir y dejar dolorida a su familia y a nosotros, habitantes de La Pendola. Ésta no es una historia del barrio propiamente dicha. Pero es mi historia, comparte alma con mi barrio, que es donde habitan mis sueños. Es mi historia. Es mi barrio. La Pendola. Espacio onírico, espacio real, espacio intermedio. La Pendola.

Gilgamesh P.E.

7 sept. 2006

Método de Lectura Castellana MICHO



Para los nostálgicos de su infancia, es decir, todas las personas de mi generación, los nacidos entre 1975 y 1982, más o menos, que somos todos, les traigo al recuerdo algo que les va a sonar y mucho... Ahí están, en la foto, los tres gatitos, Morito, Canelo y Michín (junto a sus padres), que nos enseñaron a leer.

Me pregunto, pues estoy fuera de los círculos docentes infantiles y además no tengo hijos, menos mal, cómo enseñarán a leer a los niños ahora. Lo único que sé es que estos tres gatos han quedado marcados a fuego en mi mente. Tanto me gustaba el Micho que me lo leía cuando salía de clase y le puse a un canario que tenía mi abuelo precisamente Canelo.

Vaya "flashback, ¿verdad?

Gilgamesh first reader

6 sept. 2006

Ríos como calles


Estaba fumándome un cigarro en la puerta bajo el gris oscuro del cielo. Apenas empezaba a chispear, por eso no llevaba paraguas, cuando fijé mi vista en el limitado horizonte que tenía ante mí por culpa de construcciones y más construcciones. En ese instante, el fulgor rosáceo de un rayo me sacó del ensimismamiento y di un leve salto hacia atrás. Apenas había puesto los pies en el suelo cuando un ruido atronador casi me tira de espaldas. El rayo había caído, si es que había tocado tierra, que lo ignoro, muy cerca. Tiré ese pequeño trozo de cáncer llamado cigarro aún encendido y entré sin pensarlo mucho en casa.

Me comenzaba a reponer del susto sentado en el sofá cuando me vino a la memoria, caprichosa como ella sola, la imagen de mi calle de La Pendola en aquellos días de tormenta y vendaval, por cuya calzada de tierra corrían, cuesta abajo, cómo no, las aguas pluviales como si aquello fuera un auténtico río que iba desembocar en la parte baja del barrio, cuando los sistemas de alcantarillado no eran sino bocetos en manos de algún funcionario municipal.

Es curioso, pero lo recuerdo perfectamente. Las calles de La Pendola no estaban asfaltadas en mi niñez; todo lo más, en algunas vías afortunadas del barrio, existía una suerte de suelo de piedras, al que ni siquiera se podía llamar adoquinado. Lógicamente, los coches eran por aquellos lares auténticos objetos de estudio antropológico infantil, por lo que jugar en la calle no era ni mucho menos peligroso, aunque sí algo sucio. Era yo demasiado pequeño como para tener todavía pandilla, pues todo esto sucedía en mi primerísima infancia, así que con el tiempo he tenido que tirar de fotos para recordar cómo era el lugar en donde crecieron mis sueños.

La foto que los hipotéticos lectores verán en la parte superior les puede dar idea de cómo era mi barrio hace apenas 20 años, que no es nada, como dijo Gardel. Por eso mismo la esencia de la gente de La Pendola no ha cambiado mucho y por allí siguen paseando, sufriendo, riendo, viviendo al cabo, los mismos de casi siempre, con las lógicas bajas producidas por la Irremediable. Caminar por allí no es volver para mí, ya que nunca me he ido. Caminar por La Pendola es soñar. Es vivir. Porque es mi barrio. Es La Pendola.

Gilgamesh remember again